Domingo quinto del tiempo ordinario
Salterio I

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celebración de la misa, para seguir las lecturas, oraciones y acompañar con el canto.

INTRODUCCIÓN

El pueblo de Dios, que ha vuelto a su tierra después de un largo exilio, espera reencontrar su esplendor en la restauración nacional y en la observancia rigurosa de la ley, es llamado por el profeta a cumplir obras de justicia y misericordia para que pueda ser, efectivamente, como una luz en las tinieblas. 

En el sermón de la montaña, Jesús exige a todos los creyentes en Él, ser luz del mundo y de dar a esto un sabor nuevo, un gusto nuevo, con una vida auténticamente cristiana, llena de obras buenas, que le rindan gloria al Padre celeste, porque es Él quien enciende en el corazón la fe y el amor. 

En un mundo que tiene como superfluo al Padre Dios y a Cristo, y que confía la solución de sus problemas solamente a la ciencia y a la técnica, la palabra de Jesús tiene el sabor de un desafío. 

El misterio y los más graves y urgentes problemas del hombre tienen un sabor siempre más amargo si no son resueltos a la luz de Dios. Una vida santa es una llama de amor que disuelve el hielo espiritual del mundo. Las buenas obras de los cristianos son el testimonio más hermoso y válido del amor de Dios. Las buenas obras y el compromiso solidario hacen que este mundo tenga más sabor. 

Pablo recuerda a los Corintios que su apostolado entre ellos no se ha inspirado en la sabiduría del mundo, sino que en la sabiduría del Señor, que se manifiesta en los dones espirituales de salvación, signos de la potencia divina que renueva al hombre.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Despuntará tu luz como la aurora.

Lectura del libro de Isaías   58,7-10

Así habla el Señor:

Si compartes tu pan con el hambriento y albergas a los pobres sin techo, si cubres al que ves desnudo y no te despreocupas de tu propia carne, entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y Él dirá: “¡Aquí estoy!” Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como al mediodía.

SALMO RESPONSORIAL 111, 4-9

R/. Para los buenos brilla una luz en las tinieblas.

Para los buenos brilla una luz en las tinieblas: es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo. Dichoso el que se compadece y da prestado, y administra sus negocios con rectitud. R/.

El justo no vacilará jamás, su recuerdo permanecerá para siempre. No tendrá que temer malas noticias: su corazón está firme, confiado en el Señor. R/.

Su ánimo está seguro, y no temerá. Él da abundantemente a los pobres: su generosidad permanecerá para siempre, y alzará su frente con dignidad. R/.

SEGUNDA LECTURA

Les anuncié el testimonio de Cristo crucificado.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 2, 1-5

Hermanos, cuando los visité para anunciarles el misterio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría. Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado.

Por eso, me presenté ante ustedes débil, temeroso y vacilante.

Mi palabra y mi predicación no tenían nada de la argumentación persuasiva de la sabiduría humana, sino que eran demostración del poder del Espíritu, para que ustedes no basaran su fe en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Jn 8, 12

Aleluya. 

“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue tendrá la luz de la vida”, dice el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Ustedes son la luz del mundo.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 13-16

Jesús dijo a sus discípulos:

Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.

Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en el cielo.

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