Domingo de Ramos 
Salterio II

Nota Importante: utilizar esta aplicación con el celular en silencio durante la

celebraci√≥n de la misa, para seguir las lecturas, oraciones y acompa√Īar con el canto.

 

El profeta nos presenta el misterioso Siervo de Dios que afronta terribles sufrimientos

libremente, con plena confianza en Dios y con amor a sus hermanos pecadores.

La profec√≠a se cumplir√° en Cristo, Siervo de Dios, que est√° totalmente dedicado a cumplir la voluntad salv√≠fica de Dios a costa de su propia vida. El Hijo de Dios haci√©ndose hombre, se ha desprendido de su gloria en la Pasi√≥n y en la muerte de cruz. En premio de su obediencia, el Padre lo exalta exigiendo que su Hijo hecho hombre sea reconocido por todos como √ļnico salvador y mediador entre la humanidad pecadora y el Padre celeste.

El mensaje evangélico es el mensaje de la cruz, verdad de fe, norma de vida, centro del culto, fuente de gracia y de esperanza en el trabajo del cristiano.

El relato evang√©lico de los √ļltimos acontecimientos de la vida de Cristo, muestran con muda elocuencia los hechos de la malicia de los hombres. Los enemigos de Cristo intentan borrar su nombre de la historia en la ignominia de una injusta e infamante condena y un terrible martirio.

Cristo abraza la cruz por amor al Padre y por amor a nosotros llevando a cumplimiento las

antiguas promesas de salvaci√≥n. El mensaje de la cruz es la liberaci√≥n de todo mal, el rescate del dolor sin consolaci√≥n y esperanza. Despu√©s de los sufrimientos padecidos por Cristo, ninguno puede decir que Dios no nos ama; ninguna criatura humana, insultada, oprimida por la violencia y la injusticia, sufre sola. Cristo est√° de su parte y sufriendo con √Čl, el hombre se redime, se levanta a la m√°s luminosa y cierta esperanza, continuando en sus propios sufrimientos aquellos de Cristo, que se inmola para cancelar del mundo el m√°s profundo y sin √Čl irreparable. No hay injusticia y violencia que no tenga sus or√≠genes en el rechazo a Dios y la rebeli√≥n a su voluntad. Solo a la sombra de la cruz el hombre se puede redimir.

MISA

LITURGIA DE LA PALABRA

BENDICI√ďN DE LOS RAMOS

Antífona   Cf. Mt 21, 9 

Hosanna al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Se√Īor, el Rey de Israel. Hosanna en las alturas.

MONICI√ďN

Queridos hermanos:

Despu√©s de haber preparado nuestros corazones desde el comienzo de la Cuaresma por medio de la penitencia, la oraci√≥n y las obras de caridad, hoy nos congregamos para iniciar con toda la Iglesia la celebraci√≥n del misterio pascual de nuestro Se√Īor.

Este sagrado misterio se realiza por su muerte y resurrecci√≥n; para ello, Jes√ļs ingres√≥ en Jerusal√©n, la ciudad santa. Nosotros, llenos de fe y con gran fervor, recordando esta entrada triunfal, sigamos al Se√Īor para que, por la gracia que brota de su cruz, lleguemos a tener parte en su resurrecci√≥n y en su vida.

Oremos. 

Dios todopoderoso y eterno, santifica con tu bendición estos ramos para que, cuantos seguimos con aclamaciones a Cristo Rey, podamos llegar por él a la Jerusalén celestial.

Que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén. 

MISA

Primera lectura

No retiré mi rostro cuando me ultrajaban, pero sé muy bien que no seré defraudado.

Lectura del libro de Isaías   50, 4-7

El mismo Se√Īor me ha dado una lengua de disc√≠pulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada ma√Īana, √Čl despierta mi o√≠do para que yo escuche como un disc√≠pulo. El Se√Īor abri√≥ mi o√≠do y yo no me resist√≠ ni me volv√≠ atr√°s. Ofrec√≠ mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retir√© mi rostro cuando me ultrajaban y escup√≠an. Pero el Se√Īor viene en mi ayuda: por eso, no qued√© confundido; por eso, endurec√≠ mi rostro como el pedernal, y s√© muy bien que no ser√© defraudado.

Salmo responsorial   21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

R/.¬†Dios m√≠o, Dios m√≠o, ¬Ņpor qu√© me has abandonado?

Los que me ven, se burlan de m√≠, hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo:¬†‚ÄúConfi√≥ en el Se√Īor, que √Čl lo libre; que lo salve, si lo quiere tanto‚ÄĚ.R/

Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; taladran mis manos y mis pies. Yo puedo contar todos mis huesos. R/

Se reparten entre s√≠ mi ropa y sortean mi t√ļnica. Pero T√ļ, Se√Īor, no te quedes lejos; T√ļ que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme. R/

Yo anunciar√© tu Nombre a mis hermanos, te alabar√© en medio de la asamblea:¬†‚ÄúAl√°benlo, los que temen al Se√Īor; glorif√≠quenlo, descendientes de Jacob; t√©manlo, descendientes de Israel‚ÄĚ.R/

Segunda lectura

Se anonadó a sí mismo. Por eso, Dios lo exaltó.

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos   2, 6-11

Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz.

Por eso, Dios lo exalt√≥ y le dio el Nombre que est√° sobre todo nombre, para que al nombre de Jes√ļs, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre:¬†‚ÄúJesucristo es el Se√Īor‚ÄĚ.

EVANGELIO

BENDICI√ďN DE LOS RAMOS

EVANGELIO

¬ęBendito el que viene en nombre del Se√Īor¬Ľ

+ Evangelio de nuestro Se√Īor Jesucristo seg√ļn san Mateo¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Mt 21, 1-11¬†

Cuando se acercaron a Jerusal√©n y llegaron a Betfag√©, al monte de los Olivos, Jes√ļs envi√≥ a dos disc√≠pulos, dici√©ndoles:

¬ęVayan al pueblo que est√° enfrente, e inmediatamente encontrar√°n un asna atada, junto con su cr√≠a. Des√°tenla y tr√°iganmelos. Y si alguien les dice algo, respondan: ¬ęEl Se√Īor los necesita y los va a devolver enseguida¬Ľ¬Ľ.

Esto sucedi√≥ para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: ¬ęDigan a la hija de Si√≥n:

Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, sobre la cr√≠a de un animal de carga¬Ľ.

Los disc√≠pulos fueron e hicieron lo que Jes√ļs les hab√≠a mandado; trajeron el asna y su cr√≠a, pusieron sus mantos sobre ellos y Jes√ļs mont√≥ sobre √©l. Entonces la mayor parte de la gente comenz√≥ a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los √°rboles y lo cubr√≠an con ellas.

La multitud que iba delante de Jes√ļs y la que lo segu√≠a gritaba: ¬ę¬°Hosanna al Hijo de David! ¬°Bendito el que viene en nombre del Se√Īor! ¬°Hosanna en las alturas!¬Ľ.

Cuando entr√≥ en Jerusal√©n, toda la ciudad se conmovi√≥, y preguntaban: ¬ę¬ŅQui√©n es √©ste?¬Ľ. Y la gente respond√≠a: ¬ęEs Jes√ļs, el profeta de Nazaret en Galilea¬Ľ.

Queridos hermanos: 

Imitemos a la muchedumbre que aclam√≥ a Jes√ļs, y caminemos cantando y glorificando a Dios, unidos por el v√≠nculo de la paz.¬†

Antífona de entrada Cf. Jn 12, 1. 12-13; Sal 23, 9-10 

Seis d√≠as antes de la solemnidad de la Pascua, cuando el Se√Īor entraba a la ciudad de Jerusal√©n, los ni√Īos salieron a su encuentro con palmas en sus manos y aclamaban con toda su voz. *Hosanna en las alturas. Bendito t√ļ, que has venido lleno de misericordia.

Puertas, levanten sus dinteles. √Ābranse, puertas eternas, para que entre el rey de la gloria. ¬ŅY qui√©n es ese Rey de la gloria? El Rey de la gloria es el Se√Īor de los ej√©rcitos. * Hosanna en las alturas. Bendito t√ļ, que has venido lleno de misericordia.

MISA

Aclamación al Evangelio   Flp 2, 8-9

Cristo se humilló por nosotros hasta aceptar por obediencia la muerte, y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre.

EVANGELIO

Pasi√≥n de nuestro Se√Īor Jesucristo seg√ļn san Mateo 26, 3-5. 14‚ÄĒ27, 66

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Unos d√≠as antes de la fiesta de Pascua, los Sumos Sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caif√°s, y se pusieron de acuerdo para detener a Jes√ļs con astucia y darle muerte. Pero dec√≠an:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúNo lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto en el pueblo‚ÄĚ.

C.        Entonces, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚Äú¬ŅCu√°nto me dar√°n si se lo entrego?‚ÄĚ

C.        Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†El primer d√≠a de los √Ācimos, los disc√≠pulos fueron a preguntar a Jes√ļs:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚Äú¬ŅD√≥nde quieres que te preparemos la comida pascual?‚ÄĚ

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†√Čl respondi√≥:

+¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúVayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y d√≠ganle: ‚ÄúEl Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis disc√≠pulos‚ÄĚ‚ÄĚ.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Ellos hicieron como Jes√ļs les hab√≠a ordenado y prepararon la Pascua.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Al atardecer; estaba a la mesa con los Doce y, mientras com√≠an, Jes√ļs les dijo:

+¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúLes aseguro que uno de ustedes me entregar√°‚ÄĚ.

C.        Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚Äú¬ŅSer√© yo, Se√Īor?‚ÄĚ

C.        El respondió:

+¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúEl que acaba de servirse de la misma fuente que Yo, √©se me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como est√° escrito de √Čl, pero ¬°ay de aqu√©l por quien el Hijo del hombre ser√° entregado: m√°s le valdr√≠a no haber nacido!‚ÄĚ

C.        Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚Äú¬ŅSer√© yo, Maestro?‚ÄĚ

+¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬ęT√ļ lo has dicho¬Ľ.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Le respondi√≥ Jes√ļs.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Mientras com√≠an, Jes√ļs tom√≥ el pan, pronunci√≥ la bendici√≥n, lo parti√≥ y lo dio a sus disc√≠pulos, diciendo:

+¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúTomen y coman, esto es mi Cuerpo‚ÄĚ.

C.        Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo:

+¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúBeban todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisi√≥n de los pecados. Les aseguro que desde ahora no beber√© m√°s de este fruto de la vid, hasta el d√≠a en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre‚ÄĚ.

C.        Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Entonces Jes√ļs les dijo:

+¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúEsta misma noche, ustedes se van a escandalizar a causa de m√≠. Porque dice la Escritura: ‚ÄúHerir√© al pastor, y se dispersar√°n las ovejas del reba√Īo‚ÄĚ. Pero despu√©s que Yo resucite, ir√© antes que ustedes a Galilea‚ÄĚ.

C.        Pedro, tomando la palabra, le dijo:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúAunque todos se escandalicen por tu causa, yo no me escandalizar√© jam√°s‚ÄĚ.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Jes√ļs le respondi√≥:

+¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúTe aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo, me habr√°s negado tres veces‚ÄĚ.

C.        Pedro le dijo:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúAunque tenga que morir contigo, jam√°s te negar√©‚ÄĚ.

C.        Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Cuando Jes√ļs lleg√≥ con sus disc√≠pulos a una propiedad llamada Getseman√≠, les dijo:

+¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúQu√©dense aqu√≠, mientras Yo voy all√≠ a orar‚ÄĚ.

C¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Y llevando con √Čl a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenz√≥ a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo:

+¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúMi alma siente una tristeza de muerte. Qu√©dense aqu√≠, velando conmigo‚ÄĚ.

C.        Y adelantándose un poco, cayó con el rostro en tierra, orando así:

+¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúPadre m√≠o, si es posible, que pase lejos de m√≠ este c√°liz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya‚ÄĚ.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Despu√©s volvi√≥ junto a sus disc√≠pulos y los encontr√≥ durmiendo. Jes√ļs dijo a Pedro:

+¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚Äú¬ŅEs posible que no hayan podido quedarse despiertos conmigo, ni siquiera una hora? Est√©n prevenidos y oren para no caer en la tentaci√≥n, porque el esp√≠ritu est√° dispuesto, pero la carne es d√©bil‚ÄĚ.

C.        Se alejó por segunda vez y suplicó:

+¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúPadre m√≠o, si no puede pasar este c√°liz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad‚ÄĚ.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Al regresar los encontr√≥ otra vez durmiendo, porque sus ojos se cerraban de sue√Īo. Nuevamente se alej√≥ de ellos y or√≥ por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Luego volvi√≥ junto a sus disc√≠pulos y les dijo:

+¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúAhora pueden dormir y descansar: ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¬°Lev√°ntense! ¬°Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar‚ÄĚ.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Jes√ļs estaba hablando todav√≠a, cuando lleg√≥ Judas, uno de los Doce, acompa√Īado de una multitud con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les hab√≠a dado esta se√Īal:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúEs aqu√©l a quien voy a besar. Det√©nganlo‚ÄĚ.

Inmediatamente se acerc√≥ a Jes√ļs, dici√©ndole:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúSalud, Maestro‚ÄĚ.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Y lo bes√≥. Jes√ļs le dijo:

+¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúAmigo, ¬°cumple tu¬†cometido!‚ÄĚ

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Entonces se abalanzaron sobre √Čl y lo detuvieron. Uno de los que estaban con Jes√ļs sac√≥ su espada e hiri√≥ al servidor del Sumo Sacerdote, cort√°ndole la oreja. Jes√ļs le dijo:

+¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúGuarda tu espada, porque el que a hierro mata, a hierro muere. ¬ŅO piensas que no puedo recurrir a mi Padre? √Čl pondr√≠a inmediatamente a mi disposici√≥n m√°s de doce legiones de √°ngeles. Pero entonces, ¬Ņc√≥mo se cumplir√≠an las Escrituras, seg√ļn las cuales debe suceder esto?‚ÄĚ

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Y en ese momento, Jes√ļs dijo a la multitud:

+.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚Äú¬ŅSoy acaso un bandido, para que salgan a arrestarme con espadas y palos? Todos los d√≠as me sentaba a ense√Īar en el Templo, y ustedes no me detuvieron‚ÄĚ.

C.        Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Los que hab√≠an arrestado a Jes√ļs lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote Caif√°s, donde se hab√≠an reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo sigui√≥ de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; entr√≥ y se sent√≥ con los servidores para ver c√≥mo terminaba todo.

Los sumos sacerdotes y todo el Sanedr√≠n buscaban un falso testimonio contra Jes√ļs para poder condenarlo a muerte; pero no lo encontraron, a pesar de haberse presentado numerosos testigos falsos. Finalmente, se presentaron dos que declararon:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúEste hombre dijo: ‚ÄúYo puedo destruir el Templo de Dios y reconstruirlo en tres d√≠as‚ÄĚ‚ÄĚ.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†El Sumo Sacerdote, poni√©ndose de pie, dijo a Jes√ļs:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚Äú¬ŅNo respondes nada? ¬ŅQu√© es lo que estos declaran contra ti?‚ÄĚ

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Pero Jes√ļs callaba. El Sumo Sacerdote insisti√≥:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúTe conjuro por el Dios vivo a que me digas si T√ļ eres el Mes√≠as, el Hijo de Dios‚ÄĚ.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Jes√ļs le respondi√≥:

+¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúT√ļ lo has dicho. Adem√°s, les aseguro que de ahora en adelante ver√°n al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo‚ÄĚ.

C.        Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúHa blasfemado. ¬ŅQu√© necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de o√≠r la blasfemia. ¬ŅQu√© les parece?‚ÄĚ

C.        Ellos respondieron:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúMerece la muerte‚ÄĚ.

C.        Luego lo escupieron en la cara y lo abofetearon. Otros lo golpeaban, diciéndole:

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúT√ļ, que eres el Mes√≠as, profetiza, dinos qui√©n te golpe√≥‚ÄĚ.

C.        Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera, en el patio. Una sirvienta se acercó y le dijo:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúT√ļ tambi√©n estabas con Jes√ļs, el Galileo‚ÄĚ.

C.        Pero él lo negó delante de todos, diciendo:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúNo s√© lo que quieres decir‚ÄĚ.

C.        Al retirarse hacia la puerta, lo vio otra sirvienta y dijo a los que estaban allí:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúEste es uno de los que acompa√Īaban a Jes√ļs, el Nazareno‚ÄĚ.

C.        Y nuevamente Pedro negó con juramento:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúYo¬†no conozco a ese hombre‚ÄĚ.

C.        Un poco más tarde, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúSeguro que t√ļ tambi√©n eres uno de ellos; hasta tu acento te traiciona‚ÄĚ.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Entonces Pedro se puso a maldecir y a jurar que no conoc√≠a a ese hombre. En seguida cant√≥ el gallo, y Pedro record√≥ las palabras que Jes√ļs hab√≠a dicho:¬†‚ÄúAntes que cante el gallo, me negar√°s tres veces‚ÄĚ. Y saliendo, llor√≥ amargamente.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Cuando amaneci√≥, todos¬†los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jes√ļs. Despu√©s de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Judas, el que lo entreg√≥, viendo que Jes√ļs hab√≠a sido condenado, lleno de remordimiento, devolvi√≥ las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúHe pecado, entregando sangre inocente‚ÄĚ.

C.        Ellos respondieron:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚Äú¬ŅQu√© nos importa? Es asunto tuyo‚ÄĚ.

C.        Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, salió y se ahorcó. Los sumos sacerdotes, juntando el dinero, dijeron:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúNo est√° permitido ponerlo en el tesoro, porque es precio de sangre‚ÄĚ.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Despu√©s de deliberar, compraron con √©l un campo, llamado¬†‚Äúdel alfarero‚ÄĚ, para sepultar a los extranjeros. Por esta raz√≥n se lo llama hasta el d√≠a de hoy¬†‚ÄúCampo de sangre‚ÄĚ. As√≠ se cumpli√≥ lo anunciado por el profeta Jerem√≠as:¬†‚ÄúY ellos recogieron las treinta monedas de plata, cantidad en que fue tasado aquel a quien pusieron precio los israelitas. Con el dinero se compr√≥ el ‚ÄúCampo del alfarero‚ÄĚ, como el Se√Īor me lo hab√≠a ordenado‚ÄĚ.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Jes√ļs compareci√≥ ante el gobernador, y √©ste le pregunt√≥:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚Äú¬ŅEres T√ļ el rey de los jud√≠os?‚ÄĚ

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†√Čl respondi√≥:

+¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúT√ļ lo dices‚ÄĚ.

C.        Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Pilato le dijo:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚Äú¬ŅNo oyes todo lo que declaran contra ti?‚ÄĚ

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Jes√ļs no respondi√≥ a ninguna de sus preguntas, y esto dej√≥ muy admirado al gobernador. En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elecci√≥n del pueblo. Hab√≠a entonces uno famoso, llamado Jes√ļs Barrab√°s. Pilato pregunt√≥ al pueblo que estaba reunido:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚Äú¬ŅA qui√©n quieren que ponga en libertad, a Jes√ļs Barrab√°s o a Jes√ļs llamado el Mes√≠as?‚ÄĚ

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†√Čl sab√≠a bien que lo hab√≠an entregado por envidia. Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mand√≥ decir:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúNo te mezcles en el asunto de ese justo porque hoy, por su causa, tuve un sue√Īo que me hizo sufrir mucho‚ÄĚ.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrab√°s y la muerte de Jes√ļs. Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les pregunt√≥:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚Äú¬ŅA cu√°l de los dos quieren que ponga en libertad?‚ÄĚ

C.        Ellos respondieron:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúA Barrab√°s‚ÄĚ.

C.        Pilato continuó:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚Äú¬ŅY qu√© har√© con Jes√ļs, llamado el Mes√≠as?‚ÄĚ

C.        Todos respondieron:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚Äú¬°Que sea crucificado!‚ÄĚ

C.        El insistió:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚Äú¬ŅQu√© mal ha hecho?‚ÄĚ

C.        Pero ellos gritaban cada vez más fuerte:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚Äú¬°Que sea crucificado!‚ÄĚ

C.        Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúYo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes‚ÄĚ.

C.        Y todo el pueblo respondió:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúQue su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos‚ÄĚ.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Entonces, Pilato puso en libertad a Barrab√°s; y a Jes√ļs, despu√©s de haberlo hecho azotar, lo entreg√≥ para que fuera crucificado.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Los soldados del gobernador llevaron a Jes√ļs al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de √Čl. Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza; pusieron una ca√Īa en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de √Čl, se burlaban, diciendo:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúSalud, rey de los jud√≠os‚ÄĚ.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Y escupi√©ndolo, le quitaron la ca√Īa y con ella le golpeaban la cabeza. Despu√©s de haberse burlado de √Čl, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Sim√≥n, y lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado G√≥lgota, que significa¬†‚Äúlugar del Cr√°neo‚ÄĚ, le dieron de beber vino con hiel. √Čl lo prob√≥, pero no quiso tomarlo. Despu√©s de crucificarlo,¬†‚Äúlos soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron;‚Ä̬†y sent√°ndose all√≠, se quedaron para custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripci√≥n con el motivo de su condena:¬†‚ÄúEste es Jes√ļs, el rey de los jud√≠os‚ÄĚ. Al mismo tiempo, fueron crucificados con √Čl dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

C.        Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúT√ļ, que destruyes el Templo y en tres d√≠as lo vuelves a edificar, ¬°s√°lvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!‚ÄĚ

C.        De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚Äú¬°Ha salvado a otros y no puede salvarse a s√≠ mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en √Čl. ‚ÄúHa confiado en Dios; que √Čl lo libre ahora si lo ama‚ÄĚ, ya que √Čl dijo:

‚ÄúYo soy Hijo de Dios‚ÄĚ‚ÄĚ.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Tambi√©n lo insultaban los bandidos crucificados con √Čl.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Desde el mediod√≠a hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la regi√≥n. Hacia las tres de la tarde, Jes√ļs exclam√≥ en alta voz:

+.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúEl√≠, El√≠, lem√° sabactan√≠‚ÄĚ.

C.        Que significa:

+.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúDios m√≠o, Dios m√≠o, ¬Ņpor qu√© me has abandonado?‚ÄĚ

C.        Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúEst√° llamando a El√≠as‚ÄĚ. En seguida, uno de ellos corri√≥ a tomar una esponja, la empap√≥ en vinagre y, poni√©ndola en la punta de una ca√Īa, le dio de beber. Pero los otros le dec√≠an:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúEspera, veamos si El√≠as viene a salvarlo‚ÄĚ.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Entonces Jes√ļs, clamando otra vez con voz potente, entreg√≥ su esp√≠ritu.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Inmediatamente, el velo del Templo se rasg√≥ en dos, de arriba abajo, la tierra tembl√≥, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que hab√≠an muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas despu√©s que Jes√ļs resucit√≥, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. El centuri√≥n y los hombres que custodiaban a Jes√ļs, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚Äú¬°Verdaderamente, √©ste era Hijo de Dios!‚ÄĚ

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Hab√≠a all√≠ muchas mujeres que miraban de lejos: eran las mismas que hab√≠an seguido a Jes√ļs desde Galilea para servirlo.

Entre ellas estaban María Magdalena, María -la madre de Santiago y de José- y la madre de los hijos de Zebedeo.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Al atardecer, lleg√≥ un hombre rico de Arimatea, llamado Jos√©, que tambi√©n se hab√≠a hecho disc√≠pulo de Jes√ļs, y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jes√ļs. Pilato orden√≥ que se lo entregaran. Entonces Jos√© tom√≥ el cuerpo, lo envolvi√≥ en una s√°bana limpia y lo deposit√≥ en un sepulcro nuevo que se hab√≠a hecho cavar en la roca. Despu√©s hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se fue. Mar√≠a Magdalena y la otra Mar√≠a estaban sentadas frente al sepulcro.

C.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†A la ma√Īana siguiente, es decir, despu√©s del d√≠a de la Preparaci√≥n, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y se presentaron ante Pilato, dici√©ndole:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúSe√Īor, nosotros nos hemos acordado de que ese impostor, cuando a√ļn viv√≠a, dijo: ‚ÄúA los tres d√≠as resucitar√©‚ÄĚ. Ordena que el sepulcro sea custodiado hasta el tercer d√≠a, no sea que sus disc√≠pulos roben el cuerpo y luego digan al pueblo: ‚Äú¬°Ha resucitado!‚ÄĚ Este √ļltimo enga√Īo ser√≠a peor que el primero‚ÄĚ.

C.        Pilato les respondió:

S.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†‚ÄúAh√≠ tienen la guardia, vayan y aseguren la vigilancia como lo crean conveniente‚ÄĚ.

C.        Ellos fueron y aseguraron la vigilancia del sepulcro, sellando la piedra y dejando allí la guardia.

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